sábado, 15 de octubre de 2011

PACHAMAMA Y COSMOVISION ANDINA
La Pachamama en la Cosmovisión Andina.

Por: Arnaldo Quispe.

El significado más común de Pachamama es “Madre Tierra”. “Pacha” para los pueblos quechua y aymara equivale a tierra, universo, mundo o cosmos, tiempo y espacio. Usualmente se emplea como significado de: “TIERRA”. Por otra parte, “mama” significa madre que origina, que concibe la vida (“Paqarina”).

Pachamama, “Madre Tierra” o del “Cosmos”, es el todo en su conjunto. El todo en estas tradiciones es más que la suma de las partes (similar a la Teoría Gestáltica Psicológica). Lo que afecta a las partes afecta al todo y viceversa (Teoría Sistémica). Pachamama según la cosmovisión andina está presente en todo y en todas partes (espacio/tiempo), de allí que su visión es holística (Teoría Holística), porque en el mundo-hombre lo que incide en uno de sus elementos, afecta necesariamente al resto. Como los órganos son indispensables en el organismo vivo, el organismo está presente en cada uno de los órganos (interdependencia). Se trata de un mundo comunitario y solidario en el que no cabe exclusión alguna. Cada quién (ya sea un hombre, un árbol, una piedra) es tan importante como cualquier otro. El holismo de la pachamama es propio de un mundo colectivista, afectado de un sentimiento de pertenencia: uno sabe siempre que es miembro de una comunidad con cuya pertenencia se siente íntimamente comprometido. Esta comunidad vive en nosotros (“Ayllu”). Es así como se vive la experiencia de unidad de la vida propia con la vida toda del mundo-humano andino.

La pachamama es definida también como divinidad, una diosa mujer por excelencia (esposa de Tata Inti “Padre Sol”), protectora y a la vez proveedora, la que concede la fertilidad y favorece la fecundidad, con la cual se dialoga permanentemente por que está presente en la naturaleza y en todo aquello que nos rodea. Para profundizar un poco más en el significado de pachamama tenemos que revisar algunos aspectos de la cosmovisión del problador andino.

Cosmovisión Andina y Pachamama.

Pachamama puede concebirse como una práctica ritualística y milenaria (“una religión cultural paralela a la oficial”) que subsiste en los Andes peruanos, bolivianos y el norte de Argentina. La forma y contenido de sus práctica varía según el entorno geográfico y social. No hay una única puesta en escena de las tradiciones y rituales de pachamama, pero hay elementos comúnes que se conservan aún la distancia y el lugar, la colectividad (Inclusión Social) y bienestar comunitario (“Ayllu”), la reciprocidad con la tierra (“Ayni”, cuyo tributo principal a la tierra son las ofrendas, “pago” o “challa”); El agradecimiento y el permiso por el uso de la tierra y las aguas (como una forma de reconciliación con la naturaleza). La armonía con la naturaleza se evidencia con la estrecha relación y respeto con los espíritus de la pachamama.

Parte de la reciprocidad en el intercambio con la pachamama implica que ésta tiene necesidades, que requiere de ciertos elementos simbólicos que nutran su apetito, algunos de los cuales son similares a los gustos humanos (hojas de coca, tabaco, bebidas, dulces, etc.). Según la tradición aymara, durante el mes de agosto la Pachamama se encuentra con la boca abierta porque tiene “hambre”, en esta época se prepara la tierra para el tiempo de cosecha, y es preciso agradecer a la Madre Tierra por su fertilidad.

El mes de agosto se considera como mes de la pachamama, siendo el primero de agosto en muchos lugares el día central de su festividad. En otros lugares, la ceremonia de la pachamama se celebra cada primer viernes de cada mes o en ocasiones particularmente especiales (“matrimonios”, “nacimientos”, “inauguraciones”, etc.).

Con la presencia hispánica en el continente y la llamada “época de extirpación de idolatrías”, las creencias animistas altoandinas e indígenas fueron prácticamente extintas. El ritual de la pachamama es uno de los pocos paradigmas arcaicos pre-hispánicos, que sobrevive a pesar de los intentos de clausurarla. En Perú, han contribuido también a su desaparición las migraciones internas, de parte del poblador andino hacia la costa peruana y hacia las ciudades en general. Este fenómeno de las migraciones trajo como consecuencia la pérdida paulatina de los patrimonios culturales y de lenguas quechuas/aymaras, dejando en el recuerdo prácticas ritualísticas como de la pachamama. Por otra parte, muchos probladores migrantes en el proceso de adaptación socio-cultural asumen como propio el idioma español y la religión oficial católica. En el mejor de los casos, por medio del sincretismo cultural, se asumen ambas prácticas como una forma de simbiosis o fusión propio del mestizaje y del mosaico etnológico. Es común encontrarnos en ceremonias de pachamama –en los apukunas-, con imágenes de santos, empleo de la cruz y de la virgen María (“Vírgen de la Candelaria”). Entre estos elementos no existe confrontación, pugnas de poder o egocentrismos. No existen confrontaciones sino una forma de simbiosis pacífica (el problador andino es pacifista por excelencia). Existe una suerte de adaptamiento cultural que asimila y emplea dos o varios elementos como uno solo.

La pachamama tiene un rol muy importante dentro de la Cosmovisión Andina, su presencia en el cosmos se realiza a través de tres instancias:, el Kaypacha el presente, el Ukupacha el pasado y el Jananpacha el futuro, la correspondencia psicoanalítica sería: consciente, subconsciente y sopraconsciente.

1) El Jananpacha es la tierra de arriba, lo superior, el cielo, es el ámbito de Inti (sol), Quilla (luna), Coyllur (estrellas), Illapa (rayo), Huayra (viento), Kuychi (arcoiris), Chakana (Cruz del sur) y Paras (lluvia) que es la que fecunda. La Hatun Colca (gran almacén de granos) es la Vía Láctea. Mallqui (árbol) comparte los tres mundo (raíz, tronco y frutos). Sede de los dioses ancestrales (Achachilas y Ñawpas), vinculado al mundo espiritual, el futuro y la energía vital refinada (sami). El cóndor es el animal emblemático del Jananpacha. Se alimenta de carroña para luego volar por las alturas máximas del corazón de los Andes. Es el símbolo del maestro que transmuta sus defectos en virtudes.

2) Kaypacha: Es la tierra del medio, aquí mora temporalmente la Pachamama que pasa por los tres planos. Los Apus y los “wamanis” (espíritus de las montañas) son considerados sus portavoces y guardianes. Es en este canal donde el poblador andino realiza sus diálogos con los espíritus, previa ofrenda a la madre tierra. A las vicuñas se les dice ganadito del Apu, porque pertenecen a la montaña. El puma es el animal que representa al Kaypacha.

3) Ukupacha: Corresponde a las profundidades de la tierra, el inframundo, el pasado. Se encuentran aquí la Yacu (agua) en todos sus formas. Hatuncocha es el mar. El río es mayu que siempre está en constante movimiento. La cocha es la laguna. El puquio (es el manantial donde brota el agua). El animal principal del Ukupacha es la serpiente.

Las tradiciones quechuas cuentan que los Apukunas (“cerros”) albergan los espíritus de los dioses que vivieron antes de un gran diluvio y que tuvieron el atrevimiento de darle el conocimiento a los primeros humanos para construir civilizaciones. Como castigo, los demás dioses encerraron a estos “Prometeos andinos” (Salvadores) en las montañas. Se les llama Ñawpa (los primeros ancianos), llamados también Wamanís y están alojados en la parte más alta de la montaña. Dicen los andinos que “cuando baja el nublado… los Wamanis descienden de las alturas, vienen a hablarnos… a susurrarnos al oído e inspirarnos”.

Así como en Oriente existe el concepto de los opuestos-complementarios, Yin/Yang, en la Cultura Andina éstos se manifiestan como Tatainti, el Padre Wiracocha, (Padre-Cosmos) y su opuesto complementario la Pachamama (Madre-Cosmos). Representados en el mundo de las formas por un cuadrado (macho, padre) y por el círculo (hembra, madre), así, las montañas pueden diferenciarse como machos o hembras, según la predominancia de sus formas. En el perfil o silueta de una montaña, podemos observar la representación de las Serpientes sagradas que transitan desde el Ukupacha (inframundo de la montaña) hacia Jananpacha (mundo superior – cúspide). La serpiente llamada Sachamama, recorre el camino desde la base a la cúspide en un trayecto lineal recto, en líneas verticales, transformándose al llegar al Janampacha, en el Arco Iris, representando la vitalidad de las cosas y la fecundidad. La Serpiente llamada Yacumama recorre el camino en forma ondulante, transfigurándose al llegar al Jananpacha, en el Rayo y la Lluvia. Los tres mundos se hallan unidos por estas dos serpientes, diosas del agua y de la fecundidad. La armonía cósmica andina de la pachamama se denomina Yanantin, los responsables de éste órden armónico son los habitantes sagrados de las montañas (“Apukunas” que son los cerros): Los Achachilas, y Los Ñawpas (Wamanís).

Para los andinos el mundo es una totalidad viva. El todo es más que la suma de las partes, por ende no se comprende a las partes separadas del todo, cualquier evento se entiende inmerso dentro de los demás y donde cada parte refleja el todo (holografía andina). Este mundo íntegro y vivo es conceptuado como si fuera un animal, semejante a un puma capaz de reaccionar con inusitada fiereza cuando se le agrede. La totalidad es la colectividad natural o Pacha; comprende al conjunto de comunidades vivas, diversas y variables, cada una de las cuales a su vez representa al Todo.

Esta totalidad está conformada por la comunidad natural pluriecológica constituida por el suelo, clima, agua, animales, plantas y todo el paisaje en general, por la comunidad humana multiétnica que comprende a los diferentes pueblos que viven en los Andes y por la comunidad de deidades telúricas y celestes, a quienes se les concede el carácter de “Waca” (“lugar sagrado”), en el sentido de tenerles mayor respeto, por haber vivido y visto mucho más y por haber acompañado a nuestros ancestros, porque nos acompaña y acompañará a los hijos de nuestros hijos. Estas comunidades se encuentran relacionadas a través de un continuo y activo diálogo, reciprocidad y efectiva redistribución. Cada comunidad es equivalente a cualquier otra; todas tienen el mismo valor, ninguna vale más y por lo tanto todas son importantes, merecen respeto y consideración, en la concepción andina esto se expresa cuando se reconoce que todo es sagrado, es sagrada la tierra, los cerros, (Apus, Achachilas, Wamanís, Auquis), las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las piedras, nuestros muertos, los ríos, manantiales (“puquios”), lagunas, los seres humanos vivos, los animales y las plantas, no sólo las cultivadas sino también las silvestres.

Todos quienes existen en el mundo andino son como somos nosotros mismos y son nuestros amigos. Con ellos nos acompañamos, con ellos conversamos e interactuamos. Les contamos lo que nos pasa y nos dan consejos; y también ellos nos cuentan lo suyo y confían en nosotros. Tratamos con cada uno de ellos de persona a persona, conversamos con ellos cara a cara.

Todo cuanto existe en el mundo andino es vivo. No sólo el hombre, los animales y las plantas sino también las piedras, los ríos, los cerros y todo lo demás. En el mundo andino no existe algo inerte: todo tiene vida. Igual que nosotros todos participan en la gran fiesta de la vida: todos comen, todos duermen, todos danzan, todos cantan: todos viven a plenitud.

En el mundo andino no hay poderosos ni autosuficientes. Todos nos necesitamos los unos a los otros para vivir. En los Andes no existe el mundo como totalidad íntegra diferente y diferenciada de sus componentes. Aquí no existen «todos» ni «partes», que tan sólo son abstracciones. Aquí hay simbiosis que es lo inmediato a la vida. La simbiosis se vive en los Andes en forma de experiencia mútua.

Ritual de la Pachamama.

La ceremonia de la pachamama comienza con la víspera o “el día anterior”, mediante sus preparativos, en el cual, la noche previa se prepara la comida y bebida especial (chicha de maíz) que se va a ofrecer a la pachamama. Además se deja las instrucciones a los participantes del ritual sobre que traer y como vestirse. Se deja dispuesto los materiales a utilizar, el lugar donde cavar el hoyo y todo lo necesario para el día central. Normalmente se enciende sahumerio desde el día anterior como una forma de anunciación, limpieza o alerta a los espíritus.

El mejor momento para las ofrendas a la Pachamama es al caer la tarde, en pleno ocaso de Sol. La luz natural termina, comienza la noche, en este intervalo esta “pachachaka energética” (nuestra ceremonia) está abierta y pachamama junto a los demás espíritus están más presentes. El fuego sagrado del ritual iluminará el espacio cuando la luz del sol se haya apartado del horizonte. Sin la luz hay oscuridad (vacío universal). La oscuridad es importante como la luz, es más grande que ésta. Pero es la luz con su inteligencia y propósito, la que nos conducirá por el sendero del calor y del amor. Por ello, debemos conservar la fogata en nuestro ritual. En otras poblaciones se acostumbra dar inicio a las ceremonias al alba, al mediodía o a medianoche.

Es importante la puntualidad, una vez comenzada la ceremonia se cierra el círculo sagrado de participantes y no se podrá participar del ritual, sino hasta que el hoyo sea cubierto con piedras y pétalos de flóres. El recibimiento de los participantes se lleva a cabo con la mayor hospitalidad, con presentaciones y saludos cordiales. No se permiten tomar fotografías, ni grabar videos a menos que se cuente con el permiso del oferente.

Según el amauta (sabio) Antonio Espinoza de la Organización “Proyecto Cultural Wiñay Marka (ciudad eterna)” existen tres formas de realizar estas ceremonias, “la primera y la más sencilla es la q’uwachada o el saumerio en la que se quema incienso en la brasa para Jananpacha (mundo de arriba), el viento lo sube y se lo lleva, después se pone a la misma braza el copal (resina vegetal), y el “palo santo”, que es para la Pachamama.

Otra ceremonia es la wajt’a, que consiste en quemar mesas llenas de objetos simbólicos, preparadas de acuerdo al pedido que se haga. La wilancha es la tercera forma, ésta únicamente se la practica cuando se trata de grandes organizaciones o instituciones, porque aquí ya se habla de un sacrificio animal”.

En la actualidad, los sacrificios de animales como ovejas, llamas u otros auquénidos se ha ido perdiendo entre los tiempos, la sangre de éstos animales debía ser derramada en la tierra. Era común también en las prácticas del ritual sacrificar por ejemplo el fetos de llama o chancho, que no debia faltar en época de cosecha.

Las ofrendas (llamado comúnmente “despacho” o “corpachada” que quiere decir dar de comer a la tierra en el Norte de Argentina), se colocan alrededor del hoyo o en el manto multicolor dispuesto por el oferente que dirige el ritual, semejante a un altar o mesa de trabajo de curanderismo. Bebidas (Coca Cola, chicha, cerveza, licor, vino tinto); agua bendita, dulces, hojas de coca (planta sagrada andina, mediadora con los espíritus), diversos objetos (dinero, monedas, amuletos, piedras de colores); comida (pan, galletas, frutas). Flóres, perfumes, semillas y otras cosas provenientes de la tierra de las que tenemos en casa (sésamo, lino, trigo, lentejas, porotos, garbanzos, arroz, huayruros, etc), las semillas las colocamos en un cuenco o tazón de arcilla; Incienso o sahumerio adicionalmente. La ceremonia puede estar acompañada de velas blancas o de colores y diversos objetos que simbolizan el contexto social, fotos, amuletos, conchas marinas (“mullu”), dinero, ekekos, toritos de pucará, excremento de vaca, etc.

Según la tradición los rituales estaban a cargo de las personas sabias y de gran solvencia moral dentro de la comunidad, eran sacerdotes propios de ésta religión andina. Para los quechuas las ceremonias están a cargo del “Paqo” o “Altomisayoc”, para los aymaras son los “yatiris” los encargados de realizar estas ceremonias. Nosotros empleamos particularmente el término oferente.

Los participantes son invitados, por lo general no hay ingreso libre, el que asiste aunque si se presenta el mismo día de la ceremonia debe ser invitado por el oferente. El ritual de la pachamama es un acto voluntario en el cual el único requisito para estar presente es pedir permiso para su ingreso y ponerse de acuerdo con los organizadores sobre los detalles del ritual (horario, vestimenta, ofrenda, etc.). No hay límite de asistencia. El día de la celebración los participantes se colocarán cintas de colores en ciertas partes del cuerpo: tobillos, muñecas y cuello, según las creencias es para ser del agrado de la pachamama y evitar alguna reprimenda. Otros emplean cordones de hilo blanco y negro, confeccionados con lana de llama en lo posible.

El hoyo representa en sí una forma de altar y una “waca” a la vez (un lugar sagrado), una “paqarina” (un útero simbólico” en la tierra) y “pachachaka” (un puente o contacto con las instancias superiores), al mismo tiempo. Este se cava de manera circular a una profundidad de medio metro aproximadamente por un metro de diámetro (como si se preparase una “pachamanka” en la tierra), que por lo general debe localizarse a un punto abierto y expuesto al sol, ideal si es cercano a un árbol o una ladera de montaña (“apu”). En la actualidad ciertas ceremonias de pachamama se realizan en parques urbanos, wacas o en la playa. Si el hoyo no es circular no hay problema. Los importante es la intención de hacer lo mejor posible. Hay muchas maneras de realizar el ritual, particularmente proponemos una con la cual nos hemos familiarizado:

1) Activar el fuego. Encender dos hogueras, una pequeña dentro del hoyo y otra grande fuera de él. El fuego sagrado permite que la tierra se eleve a las montañas, al cielo. En la hoguera pequeña colocar leña, palo santo, ramas de laurel, romero, olivo, eucalipto y tabaco. La hoguera grande es solo de leña. Esta debe ubicarse a por lo menos cinco metros del hoyo cavado. La hoguera grande es opcional y puede servir para depositar pequeños escritos en papel blanco de cosas de las cuales debemos desprendernos, nuestros errores y defectos. Sirve y para el perdón con las instancias superiores, pachamama que está presente debe interceder con éstas peticiones.

2) Activar el aire. Por medio del fuego mediador. Encender el incienso, gracias a los olores la tierra se sensibiliza al recordar sus maravillas. Los participantes pueden fumar primero y luego dar de fumar a la tierra (esto es parte del ritual). Los cigarros por lo general son sin filtro. La ceniza del tabaco debe conservarse para observar sus características, luego servirá para pintar la cara de cada participante. Las cenizas de color blanco indicarán que la pachamama está alegre y bendice sus ofrendas.

3) Activar el agua. Primer brindis con la tierra. Rociar un poco de las bebidas en la tierra. Chicha (licor de maíz), cerveza o “aguardiente”, luego cada uno debe brindar con la con la tierra. Ella vive y siente como nosotros y debemos brindar con ella.

4) Activar la tierra. Es el momento de comenzar a masticar sin tragar (“chaqchar”) un poco de hojas de coca y mientras tanto esperar el turno para poder ofrendar a la tierra. Las ofrendas se inician uno por uno o de a dos, generalmente en actitud compasiva y sumisión al cosmos. De rodillas frente al hoyo comenzamos a entregar lo que previamente hemos ofrendado. En este momento el participante puede realizar alguna pleglaria, pedido, canto, oración, rezo, pensamiento, namasté o meditación (“el silencio o vacío es muy bien apreciado por ella”) para con la pachamama, según sea su credo o religión. Estas ofrendas deben realizarse con ambas manos. Se comienza con la hoja de coca y el agua bendita si hubiera. Luego las comidas, dulces y demás ofrendas. Este momento es pertinente para nuestras peticiones para este nuevo año, éstas deben ser escritas previamente en papelitos multicolores y ser soltadas en la fogata pequeña al interior del hoyo. Al final de este acto el participante debe realizar el brindis final con chicha de maiz con la pachamama. Hay que prestar atención a las señales que la pachamama nos envía a través de las brasas del fuego, las cenizas, ruidos, movimientos o sucesos imprevisibles que suelen ocurrir.

5) Cerrar es abrir. Activar los elementos de la pachamama con el cierre del ritual. Cuando todos los participantes han finalizado su tributo, cada uno debe colaborar en cubrir el hoyo, a éstas alturas la tierra está bien alimentada y satisfecha con nuestras ofrendas. Opcionalmente se puede rezar un Padre Nuestro (considerando el sincretismo religioso presente). La ceremonia termina tapando el hoyo con piedras pequeñas de diferente forma o color, cubiertas con pétalos de flores.

Cabe agregar, que la celebración y la ofrenda a la pachamama no mantiene grandes reglas o mayores secretos, lo antes dicho es solo una propuesta que pretende dar un cierto órden e desmitificar su ceremonia. Su importancia principal radica en reactualizar el valor de la tierra y la profunda identidad de los pueblos que conviven con ella.

Adicionalmente la ceremonia puede estar acompañada por cantos o icaros, por música suave o relajante, por el sonido de tambores (percusión), por abrazos fraternos entre todos y cada uno de los participantes y danzas tribales alrededor del fuego (danzas arquetípicas libres pluriétnicas que corresponden a todos los elementos: agua, aire, viento y tierra; Pueden incluirse los elementos metal y madera de la medicina tradicional china). Es una celebración y todos podemos festejar. Al final, podemos agregar a éste acontecimiento una CENA como punto final en su honor y compartir la gastronomía andina que nos brinda Pachamama, al compás de la música de quenas y zampoñas, del cóndor pasa y la valicha.

Los rituales en honor a la pachamama dan cuenta de un tipo de espiritualidad andina que no es ajena a la materia. Espíritu y materia confluyen, convergen y se complementan. Al igual que todas las religiones basadas en el culto a la Madre, las celebraciones a la Pachamama se basan en el respeto por todos los seres vivientes, por cuanto ellos no solamente son el fruto de Su Creación sino que forman parte de Ella misma. Nosotros sus seguidores no pretendemos “dominar” a la Naturaleza sino protegerla y cuidarla, como una manera de devolver a la Madre todo lo que la Madre nos brinda con generosidad.
Entre las plegarias comunes que se escucha: “Pachamama, santa tierra no me comas, todavía soy joven y puedo dejar semilla”, “Pachamama, devuélveme el doble de lo que te doy!”, “Pachamama, santa tierra Kusiya, kusiya! Vicuña cuay, Amá mi naicho, Kusiya, kuisya!”. Antiguo verso quechua-castellano, que se traduce literalmente: “Pachamama, santa tierra ¡Haz que nos vaya bien! Danos vicuñas y no nos las mezquines. Danos fortuna y no nos hagas enfermar. ¡Haz que nos vaya bien!”.

Otra muestra de plegaria: “Pachamama, deidad inmortal y bien amada, que tienes tu refugio en las grutas ignotas de la sierra, entre música de quenas invisibles y tibiezas inefables; para Pachamama dueña y señora de los picachos y de los pastos, de las bestias y de los hombres, la que se enoja en los temblores, la que protesta en el rodar de los truenos, la que extravía al hurgador que ofende la tierra buscando oro, estaño y plomo”.

Oración a la Pachamama: “Madre tierra, Diosa de la Naturaleza, que creas cada cosa y siempre haces que el Sol reaparezca como un regalo para las personas, protectora del cielo, del mar y de todos los espíritus; En ti que fluye toda la naturaleza, que nos brindas la alegría de la luz de los días y que mantienes tu promesa de darnos los nutrientes. Nosotros retornamos a ti en forma de espíritus, al final de nuestra vida, que es el comienzo en ti. Te damos los agradecimientos por tu benevolencia. Yo me inclino ante tu divino nombre y con la mayor dignidad imploro que nos concedas los donos de tu misericordia. Te agradezco por todo lo que haces por nosostros, quiénes tenemos fé en tus divinos deseos”.

Autor: Arnaldo Quispe.