viernes, 31 de diciembre de 2010

Marcahuasi - Supervivientes del Diluvio en los Andes

Marcahuasi
Supervivientes del Diluvio en los Andes
Débora Goldstern


La Prehistoria sudamericana es uno de los estudios llevados a cabo desde Crónica Subterránea, tarea que para muchos se antoja imposible, y ello ocurre porque a fuerza de sonar repetitivos, la destrucción de documentación establecida desde la época colonial, así como el ocultamiento, y substracción de información, impiden gozar hoy día de un mejor entendimiento sobre las culturas que una vez se erigieron en este continente.

Los Andes son una de la zona donde esa devastación cultural encuentra su punto más álgido, sin embargo sobreviven monumentos de factura imposible, hoy día mudos testigos de aquel pasado ciclópeo que una vez se extendió por todo el continente. Unos de esos registros enigmáticos, salió a la luz en los años 40’, cuando desde el hermano país de Perú se difundió la existencia de Marcahuasi gracias a los oficios del sabio peruano Daniel Ruzo De los Heros
[1] quién se transformó en su máximo difusor.

Obra pétrea monumental, Marcahuasi es la prueba viviente que antiguas culturas avanzadas supervivientes del Diluvio Universal, encontraron refugio en los Andes.

Para ilustrarnos sobre Marcahuasi, nada mejor que la obra cumbre de Ruzo, Marcahuasi: la Historia Fantástica de un descubrimiento, donde brinda pormenores de este sensacional hallazgo, que para algunos, constituye tan solo un capricho natural, y que no pudo ser obra del hombre.


1905 – 1974
La historia de un descubrimiento



Este libro es, verdaderamente, la historia misteriosa de un descubrimiento. Empieza el relato en 1905, cuando cumplíamos cinco años de edad. En ese año, Pedro Astete nacido en 1871, tuvo el sueño de Masma en la ciudad de Andahuaylas y este sueño orientó su vida: lo decidió a emprender estudios sobre prehistoria, primero en Buenos Aires, de 1911 a 1923, y después en Lima hasta su muerte en 1940. En 1915 Astete había redactado en Buenos Aires la versión de su sueño, que reproducimos, y una primera exposición de sus teorías prehistóricas e históricas, de las que damos también algunas páginas para que el lector pueda formarse una idea de las bases sobre las que comenzaron estos estudios. Trajo de Buenos Aires sus cuadernos de apuntes sobre la simbología del ajedrez y sobre otros conjuntos simbólicos. Había trabajado 11 años y había descubierto un sistema de símbolos muy antiguo al que pertenece la svástica, de la que hay representaciones en todas las culturas conocidas, pero al que pertenece también la torre o rueda, una figura que nadie antes que él ha explicado nunca: Se trata de un sistema de figuras que se presentan en serie en el cuadriculado, es decir, en el espacio a dos dimensiones -sujeto a proporción por la cruz, repetida en ambas direcciones a intervalos iguales2. Había descubierto también muchas combinaciones de esas figuras que constituyen pantaclos* y expresan gráficamente los símbolos y los sistemas simbólicos más importantes de la humanidad, conocidos desde tiempos inmemoriales y que se salvan del olvido, de generación en generación, en los cuentos fantásticos, en los libros sagrados y en las leyendas, a pesar de las traducciones y de las interpolaciones de la ignorancia.

Nos asociamos a esos estudios desde 1924; En diciembre de ese año descubrimos las primeras esculturas protohistóricas en el cerro San Cristóbal, junto a la ciudad de Lima, como se relatará más adelante. Después, en 1930, hizo Astete una segunda versión de todo lo que había estudiado respecto a Masma, incluyendo los tesoros ocultos, las nociones bajo las cuales fueron establecidos, las cavernas en que se guardan, las señales para encontradas y la manera de penetrar en ellas. Había recopilado multitud de datos repartidos en libros sagrados, en cuentos y leyendas, en las obras voluminosas de Rosa de Luna, quien había dedicado largos años a igual recopilación y, sobre todo, en las Mil y una Noches, cuyos cuentos mágicos, muy antiguos, que se diferencian fácilmente de los sensuales cuentos árabes; parecen escritos con la única finalidad de impedir que desaparezcan de la memoria de los hombres las nociones del tesoro.
* Pautado: especie de talismán mágico. (N. del E.)
Astete creía firmemente que todas esas indicaciones se referían a un solo tesoro, de metales y de conocimientos, que nunca había sido encontrado y que debía estar en el centro de la región huanca o en uno de sus tres lugares principales: Lima, Jauja o Andahuaylas. Hasta ese momento, tanto él como nosotros, considerábamos el gran problema circunscrito al Perú y a Masma. Creíamos que, a través del Perú, se produciría un movimiento mundial para la utilización del oro y la sabiduría que encerraba ese tesoro.
Pero la misma grandiosidad del problema nos impidió comprender su verdadera dimensión humana y nos obligó a detenemos. Era Pedro Astete el intérprete de Masma y era él quien tenía que tomar una determinación. La responsabilidad lo abrumaba.


Desde 1953, había publicado un cuento "El deber incumplido" que incluimos en 1953, en México, en la edición de su obra "Los Signos". Ese cuento expresa su tragedia. Creía que le había sido dada una misión y que él no la había cumplido, que la realización dependía de él y que por su culpa estaba detenida. Al mismo tiempo no aceptaba afrontar la posibilidad de una publicación que nosotros repetidamente le habíamos propuesto. Consideraba que teníamos la obligación de mantener en secreto todo lo referente al tesoro.
En ese estado de espíritu, el 5 de enero de 1940 se lo llevó la muerte. En los 34 años transcurridos después de la desaparición de Pedro
Astete "La marcha al abismo"3 de la humanidad, su avance acelerado hacia una catástrofe, ha sido evidente. La ilusión que hasta 1940 guiaba nuestros trabajos, el concepto del tesoro como oro y conocimientos, nuestro anhelo por encontrado para aumentar la felicidad de los hombres, todo eso ya no tenía sentido. Astete tuvo una misión y la cumplió. Su obra, aunque inconclusa, será el punto de partida de nuevas concepciones prehistóricas. Su libro "Los Signos" será piedra angular de la simbología; sus estudios sobre la mitología y la química, demostrando que los dioses, los semidioses y los héroes representan a los cuerpos químicos, no quedarán abandonados.4
En medio siglo de lecturas sólo hemos encontrado una cita que a esta antiquísima ciencia se refiere. Tollius, filólogo y alquimista holandés del siglo XVII, traductor de Basilio Valentín, se presenta como discípulo respetuoso del sabio monje de Erfurt y dice textualmente: "¡Él sabía esto y lo ha enseñado (a los químicos), mi maestro Basilio, que yo venero al más alto grado", "cosas fortuitas, en las cuales, además de algunas críticas, toda la historia mitológica griega, fenicia, egipcia, está probado se refiere a la química:'. Desgraciadamente nuestra edición de Valentín es de 1956 y Astete, muerto en 1940, no supo que sus trabajos estaban respaldados por tan insigne maestro. 5

Eran perfectamente legítimas las deducciones de Astete. Sus datos históricos y legendarios lo autorizaban a situar a Masma en el Perú y a vincular a los huancas con los cananeos o fenicios y a los aimaras con los himiaritas. Son muchos los autores que aceptan hoy la posibilidad de migraciones atlante s a América y muchos más suponen que los rojos fenicios y los egipcios, o por lo menos uno de los grupos étnicos que formaron Egipto, eran atlantes. Sebastián Cubero en su "Descripción general del mundo", Nápoles 1684, llama aborígenes ophiritas a los peruanos y establece una relación entre el patriarca Ophir y el Perú que encontramos más explicada en el "Origen de los indios en el Nuevo Mundo" de Fray Gregario García, Madrid, 1729, quien dice: ". .la opinión que Arias Montano, Genebrardo y otros arriba referidos dan, afirmando que Ophir es el Perú: bien fácil es inferir de aquí que los que venían a estas tierras en las flotas de Salomón y de Hiram, darían noticias a otros... “Podríamos multiplicar las citas que relacionan los patriarcas bíblicos, posteriores a Noé, con América.


No se puede sostener, dadas las razas que pueblan la tierra, que se salvaron del diluvio solamente 16 personas de la familia de Noé. Seguramente el cataclismo originó migraciones que transportaron las riquezas y conocimientos que pudieron salvar. Al emigrar, dejaron cerradas sus cavernas: sus antiquísimos templos. Pero debemos aceptar que cada migración llevó consigo el depósito que consideraba sagrado confiando en encontrar, en un nuevo territorio, el lugar que reuniera las condiciones apropiadas para conservarlo. Pueden haber llegado, así, al Perú tesoros de sabiduría.


Con Astete, nunca creímos que el diluvio de Noé se debiera a la lluvia ni que la salvación de su familia hubiera sido realizada en un barco. Interpretamos el relato bíblico como el resultado de un movimiento de las aguas del planeta debido al paso de un astro cerca de la tierra o a una tremenda conmoción telúrica. Creímos siempre con Pedro Astete que Noé se había salvado en un arca de piedra: en una caverna.6


Después de la muerte de Pedro Astete fueron precisándose nuestros conceptos históricos, prehistóricos y protohistóricos. Pasaron doce años y descubrimos en 1952 la meseta de Marcahuasi. Para nosotros fue un descubrimiento. En realidad era conocida y algunos años antes los periodistas de El Comercio de Lima habían hecho una expedición y habían publicado fotografías. Pero para nosotros era la confirmación (k una teoría después de veintiocho años de investigación. Todos creían que se trataba de caprichos de la naturaleza con algún trabajo humano de los famosos "primitivos" que no han existido jamás en los últimos 25.824 años. Nadie aceptaba la cultura Masma prehistórica. Aún hoy, aquellos que dan todos los argumentos necesarios para situar en la protohistoria las esculturas que estudiamos, siguen hablando del paleolítico y el neolítico para poder titularse "científicos".


En esta vuelta del sol sobre la eclíptica ya no ha habido ningún primitivo en el planeta y no lo hay hoy. Existen, para el estudio antropológico, grupos étnicos en diferentes grados de degeneración. Los grupos humanos, como los individuos, nacen, viven y mueren. La muerte puede ser más o menos lenta pero los grupos degenerados no son primitivos. Siempre tienen palabras para las que ya no tienen objeto y siempre hablan de la edad de oro en la que un hombre blanco o un personaje fabuloso, que los visitó en el pasado, les enseñó más de lo que saben ahora.


Estudiamos la meseta de Marcahuasi durante nueve años. Construimos una choza y pasamos en ella todo el tiempo que podíamos disponer durante los meses secos, de abril a septiembre. Solamente una vez subimos en diciembre. Comprobamos en los raros momentos de sol que algunas esculturas estaban hechas para ser apreciadas bajo la iluminación de ese solsticio, que en la latitud del Perú es el solsticio de verano. En los Andes es la época de las grandes lluvias. Después de veinte días vividos dentro de la humedad de una nube que no permitía la visión ni la fotografía, nos vimos obligados a abandonar nuestro trabajo. En cambio en los meses secos el sol esplendoroso, en un cielo absolutamente puro nos permitió miles de magníficas fotografías.
En 1953 tuvimos nuestro primer contacto con la protohistoria mexicana. Dimos una conferencia en la Academia Nacional de Ciencia de México ellO de enero de ese año. Habíamos llegado ya a la convicción de que la cultura Masma no era una cultura peruana sino una cultura americana. Mantuvimos el nombre de cultura Masma que, según nosotros, correspondía al Perú, pero defendimos nuestra tesis del origen y antigüedad de las esculturas en la roca natural contra nuestros amigos mexicanos los doctores Antonio Pompa y Pompa y Manuel Manzanilla que seguían creyendo en los caprichos de la naturaleza. Años después recibimos una carta de Pompa y Pompa: había hecho una excursión peligrosa al Cerro del Meco, cercano a Guanajuato, nombre que significa "Cerro de las Ranas", y había comprobado el trabajo humano en esos megalitos. En nuestra conferencia habíamos propuesto establecer una vertical de esa cultura arcaica a través del continente americano.7



De regreso al Perú, en ese mismo año de 1953, visitamos el Bosque de Piedra en las alturas de Junín a más de cinco mil metros de altura sobre el mar. Fue para nosotros una revelación. Los trabajos escultóricos, similares a los de Marcahuasi, en ese lugar inhospitalario, no podían ser considerados históricos ni prehistóricos; empezamos a pensar, para nuestros descubrimientos escultóricos, no solamente en la protohistoria como época de su realización sino en la posibilidad de un clima y de una altura sobre el mar, diferentes, producidos por las lunas y las mareas de Hoerbiger.



En 1954 dimos una segunda conferencia, en lima, sobre la cultura Masma. Nos ocupamos muy especialmente de la meseta de Marcahuasi, pero citamos las esculturas similares que ya conocíamos en México y Brasil. Nuestro viaje a Brasil, en ese mismo año, nos permitió descubrir en Río de J Janeiro algunas esculturas de la misma calidad y de mucho mayor tamaño. Se hizo más firme nuestra convicción de la existencia de una cultura americana muy antigua y totalmente desconocida. Posteriormente, en 1962, nos instalamos en Río de Janeiro donde vivimos ocho años rodeados de esas esculturas.


Durante los últimos meses de 1954 visitamos Tiahuanaco y en los dos años siguientes repetimos nuestras visitas al Cuzco, Ollantaitambo y Machu Picchu.


En enero de 1957 y en diciembre de 1958 dimos dos conferencias en La Sorbona, en París, sobre Marcahuasi y la cultura Masma.


En 1959 descubrimos en el bosque de Fontainebleu esculturas similares a las que habíamos estudiado en América desde 1924. La "casualidad" que nos acompaña en todo lo que tiene relación con este misterio de una humanidad desaparecida, nos puso en Fontainebleau frente a la roca de los elefantes en un momento en que la luz del sol producía el milagro. N o habíamos pensado nunca en la posibilidad de encontrar esa calidad de trabajos escultóricos fuera de América y nadie antes que nosotros los había apreciado en Fontainebleau.Nos era imposible radicarnos en París para realizar el trabajo fotográfico y años después tuvimos que convencer a nuestra amiga, Edith Gerin, dedicada a la fotografía artística y gran admiradora del bosque de Fontainebleau, de que las rocas aparentemente informes de ese bosque, eran esculturas talladas por artistas desconocidos, anteriores al diluvio. En seis anos de trabajo, realizado los domingos cuando el sol iluminaba las figuras, Gerin logró una serie de fotografías admirables que no dejan lugar a duda sobre el arte y la técnica del enorme trabajo humano realizado en Fontainebleau.

En septiembre del mismo año, 1959, visitamos Stonehenge y Avebury. No pudimos dedicar mucho tiempo a la investigación, pero en ochenta fotografías tomadas durante el equinoccio, con el sol a la espalda, quedó demostrado que los megalito s habían sido decorados por la misma raza de escultores que habían trabajado la roca natural en el Perú, en México, en Brasil y en Francia.


Después de treinta y seis años de investigación encontrábamos una dimensión diferente al sueño de Pedro Astete que había guiado nuestros trabajos. No se trataba de una cultura prehistórica, perdida en América, desconocida antes de Colón. Se trataba de una cultura humana protohistórica, anterior a los sumerios y a todas las esculturas a tres dimensiones que llenan los museos de Europa.


Las esculturas protohistóricas, hechas para apreciarse desde un determinado punto de vista y cuando el sol se encuentra en un lugar exacto del cielo, son cuadros a dos dimensiones en los que las luces y las sombras completan las figuras. Su técnica y estilo no han sido empleados en la prehistoria. Tienen que ser trabajos protohistóricos anteriores al diluvio. El sueño de Masma llevó a Astete a la prehistoria. Fontainebleau nos llevó hasta la protohistoria. Aceptando esa antigüedad remota en 1959 y estudiando durante diez años la cronología mística de Tritheme y la cronología tradicional de Nostradamus, llegamos a descubrir la identidad de las cronologías secretas de hebreos y egipcios, indostanos y caldeo s, corroboradas por la piedra del Sol de México, por los muros de Babilonia y por una frase del griego Hesiodo.


Habíamos encontrado en Marcahuasi, en Brasil y en México, huellas egipcias. Creímos que debíamos visitar Egipto y lo hicimos en 1961. Recorrimos con admiración y profundo respeto desde Gizeh hasta Wadi¬Halfa. Nuestro viaje de cuarenta días nos dio la prueba fotográfica de que nuestra teoría era mucho más que una hipótesis. Detrás del grandioso templo de Tebas se levanta una alta pared de granito cubierta de cientos de esculturas erosionadas durante milenios por los elementos. Junto a la obra egipcia de tiempos históricos se eleva otra más importante de tiempos protohistóricos, en que están representados los mismos dioses egipcios. Los trabajos de esa pared no constan en la historia de Egipto y son muy anteriores a ella. Estaba igual que hoy antes de la primera dinastía. Sufrió las convulsiones del diluvio y quedó como testigo de un pueblo atlante del que hemos descubierto iguales vestigios en tres países de América.


Finalmente, en 1968, organizamos una expedición en Rumania, dirigiendo a los fotógrafos de la empresa cinematográfica estatal. Con nuestras fotografías tomadas en el Perú, con nuestra experiencia después de cuarenta y cuatro años de investigación, con nuestra dirección y con nuestros descubrimientos de esculturas en los Carpatos, durante la expedición a que nos referimos, hicieron una película que ganó dos premios en Alemania. No recibimos ni siquiera unas palabras de agradecimiento y tuvimos que pagar una copia de la película para nuestro archivo.


Habíamos terminado nuestro trabajo fotográfico y nuestra investigación cronológica. En 1969 comenzamos a poner en orden nuestras notas y a presentar en libros el resultado de nuestros estudios.


Nuestra humanidad ha heredado las pinturas rupestres, las esculturas y trabajos hechos en la roca natural, las más antiguas construcciones ciclópeas, la matemática sexagesimal, la cronología secreta de las Edades y de los ciclos históricos, la astronomía necesaria para esa cronología, que se establece sobre la eclíptica y sobre la precesión equinoccial, y las divisiones del tiempo para la vida diaria de una humanidad destruida por un cataclismo. Ha heredado también todas las especies de animales domésticos y todas las plantas alimenticias que el hombre ha creado. Nada de eso ha podido ser realizado por salvajes primitivos. Todo ha sido heredado de una humanidad tan evolucionada, o más, que la nuestra porque tenemos que agregar, como perteneciente a ella, todo el acervo místico, mítico y simbólico, al que nada hemos añadido. Por el contrario, hemos desordenado los mitos y no hemos comprendido en toda su grandeza los conjuntos simbólicos: citaremos solamente el Tarot, el Ajedrez, el Zodiaco y la Mitología. Esta última clave de la Química y, muy probablemente, clave universal de la ciencia, ha sido estudiada siempre como creación literaria de personajes fabulosos. Se ha llegado a creer que reemplazaba a la historia.


Cuando Tritheme ha titulado su trabajo "cronología mística", nadie lo ha comprendido. Cuando se ha ocupado de las siete causas segundas después de Dios, refiriéndose a los siete días de la semana, nadie ha seguido el camino que ha trazado y que nos lleva a la ciencia mística mitológica, que hemos heredado para estar ante ella durante siglos, como un niño ante una computadora electrónica. No queremos aceptar que los hombres, unidos íntimamente con la naturaleza y con su Dios, no necesitaban escribir enormes volúmenes. Para ellos, cada dios, cada semidiós, cada héroe, era una realidad. El nombre de un dios era también el nombre de un planeta, de un metal y de un día de la semana; había una profunda relación verdadera y científica, entre todo lo que ese nombre abarcaba. Una serie de dioses formaba un conjunto simbólico muy fácil de recordar. Como las relaciones de ese conjunto simbólico eran verdaderas, traían a la mente todo lo que representaban. Hemos encontrado la relación entre los días de la semana y la serie de los números atómicos de los metales, que representan esos días y cada vez encontramos nuevas relaciones que se establecen entre las seis series, tres directas y tres retrógradas, a que da lugar esa ordenación de los siete metales. Si tenemos en cuenta que la Mitología cataloga no siete sino cientos de personajes, tendremos que aceptar nuestra ignorancia. La humanidad ha seguido otro camino científico, ha abandonado la sabiduría milenaria de una humanidad anterior; ignorando la existencia de esa sabiduría, hemos olvidado la deuda que tenemos que pagar. Debemos recibir esa herencia y hacerla nuestra; solamente así podremos legada a la próxima humanidad.


En el curso de los últimos treinta y cuatro años hemos descubierto, en cuatro continentes, centenares de esculturas similares a las primeras que descubrimos en el cerro San Cristóbal, junto a la ciudad de Lima. Solamente una humanidad desaparecida pudo tallar las montañas con un estilo definido que quedó olvidado durante la vida de la humanidad actual. Pretendemos, en este libro, presentar una prueba fotográfica indiscutible de esas esculturas y montañas talladas. Señalan y decoran siempre los lugares de los bosques sagrados y de las cavernas iniciáticas de esa humanidad. Avanzan los tiempos. Desde 1957 las estructuras construidas por el hombre, de acuerdo con la influencia general de los astros, durante los últimos dos mil años, han empezado a derrumbarse con estruendo. Este proceso de destrucción durará ciento ochenta años hasta la época de la gran catástrofe en 2137. Los gritos histéricos de la juventud en todos los continentes sólo pueden compararse con el ruido desordenado de los peces que se arrojan por millares en marcha suicida hacia las playas cuando el instinto les advierte que han superado el número que les permite la vida dentro de su medio.


Hemos quedado solos frente a la responsabilidad de estos estudios. Nos hemos ocupado ya, y lo haremos en este libro y en publicaciones posteriores, del tesoro espiritual y físico y de las cavernas que lo encierran Explicaremos por qué guardan la salud y la salvación de la humanidad; la salud: por la magia de las corrientes telúricas que en ellas se condensan y por la magia de la fe colectiva; la salvación: porque esperan ser utilizadas cuando el próximo cataclismo amenace al planeta con su violencia acelerada. Explicaremos también por qué son necesarias esas cavernas y los bosques sagrados a que pertenecen para la salud y la salvación espiritual de los elegidos.


En los próximos capítulos podrá seguimos el lector en la evolución que nuestras ideas han experimentado. No se trata hoy, para nosotros, de un único tesoro metálico ni de la mayor o menor felicidad del hombre en el mundo físico. El más puro de los metales, el oro, acompañará siempre a la sabiduría, como un símbolo y una enseñanza y para ayudar al cumplimiento de la misión del héroe. Se trata de "tesoros" de fuerzas naturales, ocultos en lugares donde las corrientes telúricas del planeta se concentran. La finalidad de estos antiquísimos "centros" es la salud y la salvación de la humanidad. Pueden contribuir también a la salvación espiritual del héroe: su paso a través de los tres mundos y de los tres niveles de conciencia y de amor; la más importante de las finalidades humanas. Los héroes salvan a la humanidad abriendo un camino que une nuestro mundo físico con el verdadero mundo espiritual inconmensurable. Los robots, mecánicos o humanos, sólo sirven para ayudar al hombre en todos los estados posibles de la materia, en el mundo físico químico donde transcurre su vida efímera.
El héroe, como Promete o, une la tierra y el cielo.


Notas:
1. Pedro Astete y de Santiago Concha (1871-1940). Hasta 1914 publica una serie de cuentos en periódicos y revistas; después unos pocos artículos referentes a sus obras. En 1953 la Editorial Sol publica en México "Los Signos" con nota biográfica escrita por nosotros y llevando como prefacio su cuento "El deber incumplido". Sus obras inconclusas fueron copiadas en Lima de 1940 a 1945. Su hermano Enrique guardó dos ejemplares y nos entregó uno, cumpliendo disposición testamentaria.
Pedro Astete está unido por lazos de sangre a Santiago de Campos tela, en la Galicia mística, y a los peregrinos cuya meta era la Iglesia del Apóstol Santiago y cuya insignia era la concha.
El apellido Ruzo viene también de una familia de Galicia. Hidalgos provincianos que no tuvieron título ninguno, ni aparecen en la historia, ni fueron cortesanos. No existe ya el apellido en la feligresía de San Bartolomé de Lea, provincia de Lugo, que tenía veintiún vecinos a mediados del siglo pasado. Pero existe allí todavía "la casa de los Ruzos" un caserón en pleno campo, y en Mondoñedo "el río de los Ruzos" pasa hasta hoy bajo el pequeño puente romano que se llamaba también "el puente de los Ruzos". Como la palabra "ruzo", en Gallego, quiere decir "testarudo" esta manera de llamar por el plural es el mejor titulo: ser llamado "testarudo" en Galicia es un honor; se trata del más testarudo de los pueblos. Damos todos estos detalles porque en 1954, visitando Lea y Mondoñedo por primera vez, hemos encontrado el nombre de Masma. "Aunque parezca mentira" el río de los Ruzos se une hace siglos, en la ciudad de Mondoñedo, con el Sixto para formar el Valle, que tres cuartos de legua mas allá pasa por San Andrés de Masma y toma el nombre de río Masma que desemboca al norte en la bahía de Foz o de Masma. El pequeño puente ha tomado después el nombre de "Puente del Pasatiempo". En él detuvieron a la esposa del general Pardo de Zela que traía el indulto del rey para su marido y el hijo de ambos. Fueron fusilados como jefes del último levantamiento de Galicia defendiendo sus fueros contra la corona. Los correos del rey llegaron antes. Cayeron con Pardo de Zela los Ruzos; los testarudos gallegos emigraron a la Argentina y al Perú.
2. Pedro Astete. Los Signos. Editorial Sol. México, 1953.
3. Daniel Ruzo. Los últimos días del Apocalipsis. Editorial lztaccihuatl. México,
1970.
4. Los manuscritos de Pedro Astete están actualmente en la biblioteca de la
Pontificia Universidad Católica, donados por Carola Cisneros de Ruzo.
5. Frene Basile Valentin. US douze clefs de la Philosophie. Les Editions de Minuit.
París, 1956.
6. Daniel Ruzo. Obra citada, capítulo "El diluvio".
7. La carta a la que hacemos referencia tiene mucho valor para nuestra tesis. El doctor Pompa y Pompa es un profundo conocedor, de las antiguas culturas mexicanas y dedica su vida a esos estudios:
"México, D.F., 22 de abril de 1957. Señor doctor Daniel Ruzo, edificio "Cofico", Lima, Perú. Muy estimado y fino amigo: he recibido, después de mucho tiempo de silencio, e! texto impreso de su conferencia en la Sociedad de Etnografía de París acerca de la cultura Masma. Lo felicito por la forma y el fondo de su exposición y le comunico 'que en relación con aquellas ranas megalíticas de que le di a usted fotografía, he hecho una excursión que resultó un tanto peligrosa, por haber escalado una región escarpada del cerro del Meco, pero tengo la satisfacción de haber observado in situ las ranas megalíticas, llegando a la conclusión de que fueron hechas por el hombre en forma muy semejante a la esfinge; en consecuencia, le agradeceré mucho sus comunicaciones que haré saber a la Academia, y usted y yo formaremos dos polos en la investigación de esta expresión cultural seguramente protohistórica Lo abraza su amigo (pdo.)
Antonio Pompa y Pompa".
8. Daniel Ruzo. Obra citada.
9. Se trata verdaderamente de un descubrimiento. En cincuenta años de investigación (1924-1974) hemos probado, con miles de fotografías, la existencia en todo el planeta de esculturas realizadas en la roca natural y de montañas talladas. Su estilo y técnica las diferencia de todas las esculturas conocidas. Algunas se habían considerado, hasta nuestros trabajos, caprichos de la naturaleza. Aunque no presentamos fotografías tomadas en el continente asiático podemos afirmar que en él existen esculturas similares. Hemos recorrido India, Indochina e Indonesia. No nos ha sido posible permanecer en los lugares más importantes el tiempo necesario para un estudio fotográfico.
Hemos demostrado el parentesco de los trabajos en la roca natural con las construcciones megalíticas más antiguas. Estas últimas se han seguido realizando después del diluvio que, a juicio nuestro, divide la protohistoria de la prehistoria. Es muy difícil establecer una línea divisoria entre los megalitos protohistóricos y los prehistóricos. En cambio no hay esculturas en la roca natural realizadas en la prehistoria. Parece que esa clase de trabajo fue abandonada siglos antes de la catástrofe y que ésta ocurrió cuando todos los pueblos extraían grandes bloques de las canteras y los transportaban. Consideramos Ollantaitambo en el Perú una prueba de esa afirmación.
La Biblia acredita a la humanidad anterior a la catástrofe la posesión de los animales domésticos y de las plantas comestibles. El astrónomo Bailley en el siglo XVII demostró que todos los pueblos antiguos habían heredado una astronomía muy adelantada de una cultura desaparecida. La ciencia mitológica a la que se refieren Basilio Valentín y su traductor Tollius, objeto de los estudios de Pedro Astete, considerada como catálogo y personificación de los cuerpos de la Química moderna, es también una prueba de la existencia de esa humanidad, creadora de la semana de siete días y de todos los mitos y sistemas simbólicos que han llegado hasta nosotros.
Hemos descubierto las cumbres de las montañas sagradas de forma piramidal, hemos encontrado -decorando esas montañas- a Cancerbero, el perro de tres cabezas guardián de la entrada a los infiernos o
sea a las cavernas inferiores. Hemos explicado la doble leyenda de la fuente de agua subterránea. Una otorga el olvido total; otra permite el perpetuo recuerdo. Una devuelve la salud física; otra comunica el equilibrio psicológico necesario para realizar la juventud eterna.
Hemos encontrado esculpidos los animales simbólicos y hemos comprobado la existencia de los bosques sagrados de árboles tánicos. Hemos leído los mensajes grabados en la roca. Ellos dicen cual es el tesoro que debe ser salvado: la sangre del hombre. Dicen también cuál es la única razón de la existencia de las humanidades: la mutación continua, ininterrumpida, que hace nacer de ellas al superhombre; un desconocido.Pedro Astete: El Sueño de «MASMA»
Yo vi en mi sueño una pared. Esta pared podía ser tanto la de una casa aislada como el talud vertical de un cerro, porque como esta visión llenaba todo el campo objetivo del sueño, carecía de términos de referencia para determinado. Lo particular de esta pared era que, como adosada a ella o superpuesta, había otra pared, de menores dimensiones y de aspecto terroso, como hecha de adobes o simplemente de barro. Hacía el efecto de que esta segunda pared, cuyos bordes sobresalían un tanto de la primera, había sido hecha con el objeto de tapar un hueco, una puerta o una entrada cualquiera, abierto en la pared del fondo. Con esa facilidad con que se desarrolla la acción durante un sueño, yo extendí la mano y deshice esta pared superpuesta, del mismo modo que se aparta un mueble o se levanta una cortina que encubre algo y entonces se presentó a mi vista una entrada oscura; penetré por ella, bajé algunas gradas y me encontré en un vasto espacio, como una caverna en forma más o menos regular: era como una gran sala subterránea.


A la vaga claridad que penetraba por la abertura superior vi adosados a los muros de esta sala, algo así como grandes estantes o anaqueles que subían hasta el techo y acondicionados en ellos una gran cantidad de objetos de forma incierta, cuidadosamente envueltos: una serie de bultos dispuestos en hileras y que no podría decir qué eran. Y los califiqué mentalmente como bultos o rollos. La impresión de conjunto de esta caverna era como la de una sinagoga. Así lo deduje, en mi sueño mismo, no sé por qué, y mucho después, estudiando la descripción de una sinagoga, vi que ella coincidía con esta visión. El lugar estaba desierto, envuelto en misteriosa penumbra. Respirábase allí una atmósfera antigua llena de solemnidad y recogimiento, un no sé qué de sacerdotal, de prodigiosamente remoto, y flotaba en ese lugar un nombre que parecía desprenderse de todas las cosas que allí había, un nombre que yo percibía claramente sin oído, y que mi espíritu asimilaba a aquel recinto como una explicación o una razón de ser del mismo; y este nombre era MASMA.

El sueño se desvanecía ya pero antes de desvanecerse del todo, aún, alcancé a percibir allí la presencia de seres vestidos con ropas talares blancas y negras que se agitaban en la sombra como tratando de disputar me la posesión de aquel sitio, pero mi derecho prevaleció sobre el de ellos y esto fue todo. El sueño sé desvaneció; pero, al contrario de lo que sucede con tantos otros que son rápidamente olvidados, yo conservé la impresión de este sueño como si mi subconciencia -que puede ser la lejana conciencia de vidas pretéritas- me señalase en esta visión algo para mí trascendental.


¡Masma! . . . Busqué, indagué acerca de este nombre que me sonaba como un nombre ya oído en otros tiempos. Nadie supo darme informes acerca de él. No obstante, todos convenían en que alguien podía llamarse así, pues su eufonía era perfectamente indígena.


Lo que acabo de contar me ocurrió en Andahuaylas, en la casa del Nacaj. Este es e! nombre de una superstición muy corriente entre los indígenas de Andahuaylas. Según ellos, el Nacaj es un espíritu que acecha a los viajeros en los pasos estrechos del camino para espantarle e! caballo y arrojado al abismo, o bien arroja sobre él galgas desde la cima de los cerros. Los indios le temen. Creen también que hay seres humanos que son Nacaj o que están poseídos por e! Nacaj. Poco tiempo antes de llegar yo a Andahuaylas, los indios habían señalado la presencia del Nacaj en la casa de una familia donde fui a alojarme después. La familia comenzó a ser hostilizada por los indios y sólo debido a la intervención de! cura, desde e! púlpito, se logró que la dejaran en paz.


Había entre estos dos hechos una correlación curiosa. Por una de esas coincidencias que entreteje el destino, yo había ido a vivir, en Andahuaylas, en una casa que los indios consideraban como la vivienda de! Nacaj y allí, una noche, tuve este sueño de Masma que acabo de referir. Podían, pues, asociarse ambos hechos. Masma sería un Nacaj o. sea e! nombre particular de uno de aquellos espíritus en cuya existencia creen los indios.


Yo no debía olvidar este nombre. Algunos años después, ya de regreso en Lima, me ocurrieron tres hechos casi simultáneamente, que concurrieron a hacérmelo recordar. Hallé un día, en un vocabulario quechua, esta misma palabra Masma, la cual tiene dos significados: «Casa con alar grande» y «Botija o tinaja grande» (en las cuales, en algunas localidades de! Perú, solían depositarse antiguamente restos humanos). Ambas acepciones, aparentemente diversas, son en realidad concurrentes y contribuyen a designar lo que en el Perú antiguo se llamaba una pakarina, que es una cueva con carácter de tumba y adoratorio labrada en un peñón o montículo aislado. En efecto, estas pakarinas son huecas, como una botija, y se levantan aisladas como casa o vivienda de! «doble» o del espíritu cuyos restos fueron allí enterrados. Otro día, leyendo un viejo libro desencuadernado, que contenía una descripción de los departamentos de Junín y Ayacucho, escrita por el doctor Luis Carranza encontré, otra vez, la misma palabra: Masma que es el nombre de un caserío, de unas ruinas o simplemente de una altura (no lo recuerdo con precisión porque escribo esto de memoria, sin e! dato a la vista), que hay cerca de Jauja. Finalmente, otro día, hojeando la Biblia, saltó de nuevo ante mis ojos este mismo nombre Masma, que es del quinto hijo de Ismael (Génesis, XXV, 14).2


Nótese que estos tres hechos que, como digo, fueron casi simultáneos, presentándoseme en e! transcurso de pocos días como para fijar mejor en mi mente una oculta intención, contenían, dentro de su brevedad sintética, los datos necesarios, los puntos de partida indispensables para realizar una investigación. En efecto, uno de ellos contenía la descripción del objeto: la casa o vivienda del muerto, hueca como una tinaja; en suma, una pakarina. El otro dato se refería al lugar: esta pakarina se hallaba en un pueblo o unas ruinas, llamado Masma, próximo a Jauja. El tercer dato se relacionaba con el origen, con la raza y por lo tanto con la procedencia, en cuanto al Perú, de este ser misterioso que habita allí, en Masma, en una antigua pakarina y e! cual fue Masma, quinto hijo de Ismael!, de raza mora.


En vista de la insistencia de estas revelaciones, resolví, con dichos datos, practicar la investigación de este extraño caso. Esa investigación la emprendí y la dejé muchas veces, desalentado por la magnitud de su estudio. No obstante los largos intervalos en que abandoné completamente esta investigación, mi subconciencia seguía trabajando en dilucidar el problema. Ha sido necesario que transcurrieran muchos años para apreciar en conjunto estos estudios y sacar de ellos deducciones precisas. Hoy por fin, su examen, ya maduro por el tiempo y el estudio, me ha llevado a aclarar este extraño caso por medio de observaciones rigurosamente científicas. Estas observaciones son las que, en extracto, doy a continuación.

Texto de Pedro Astete, notas del autor.
1. Damos aquí dos capítulos de una obra inconclusa de Pedro Astete, autorizados por su heredera. Masma es un patriarca histórico, hijo de Ismael, nieto de Abraham. Podemos situado, según la cronología mística o tradicional, dos mil años antes de Jesucristo.


2. Años después de la muerte de Pedro Astete, acaecida en enero de 1940, recorrimos la región de Jauja y de la laguna de Paca. Masma, o Hicche, es un pueblo pequeño, muy cercano a Jauja. Están separadas por un cerro de poca altura. Hasta 1964 creímos que se trataba de una pequeña ciudad española construida sobre un antiguo centro de reunión de los huancas, que había mantenido el nombre autóctono. Recorrimos en 1964 las cuatro provincias de Galicia: ese año visitamos, al norte de Mondoñedo, el río Masma al que ya nos referimos en este libro. No sabemos desde qué fecha lleva ese nombre. Uno de los conquistadores de América pudo traer ese nombre huanca al río gallego. Pudo también llevar el nombre de su río y del patriarca bíblico, de Galicia al Perú. Acompañamos una fotografía del pueblo de Masma tomada en 2002 por el editor.


Pedro Astete: Datos Históricos


El dato bíblico habla de Masma como quinto hijo de Ismael. Mis investigaciones siguieron el siguiente rumbo: Ismael es el progenitor de la raza árabe; pero no el progenitor inmediato, sino muy remoto, el bíblico. El color de su raza no era el de los árabes, mestizos de moro y blanco, sino el moro mismo. El color mestizo, muy claro ya de los árabes, se ha desprendido del primitivo moro por medio de cruces sucesivos con razas blancas. Por eso, aún cuando los árabes reconocen a su antecesor a Ismael, difieren mucho en el color, de la raza primitiva de Ismael; ésta era la raza mora o berebere y a ella también pertenecía, aproximadamente, su quinto descendiente, Masma. Yo debía, pues, buscar el origen de Masma entre los pueblos moros. Estos, en el antiguo mundo, fueron pueblos esencialmente errantes. Según sus costumbres, se dividieron en dos grandes ramas: los moros de la tierra, que recorrían los desiertos, designados con el nombre genérico de «bereberes» y los del mar, que fueron los «fenicios». Entre los del primer grupo hubo dos pueblos que sobresalieron de entre todo el resto de las tribus «berebere s» y que constituyeron naciones de residencia fija. Estos fueron los mauritanos, al noroeste de África, y los himiaritas al sur de Arabia. Con ambos pueblos, mauritanos e himiaritas se relaciona esta investigación.
Localizada así la posición geográfica de estos grandes pueblos moros primitivos, pasé a estudiados más de cerca. Muy pronto encontré entre ellos el probable origen histórico del nombre Masma.


En efecto, un diccionario histórico (y el dato puede encontrarse en cualquier diccionario de esta índole, tal como el diccionario enciclopédico Hispano Americano), ocupándose de la antigua Mauritania, país que los romanos consideraban como poblado por una raza de origen inmemorial, a la que por este motivo llamaron "autóctona", consigna este interesante dato: "Mas muda" (del árabe macmuda pronunciado mashmuda), nombre de una de las cinco antiquísimas tribus que poblaron Berbería, la cual ocupó la parte más occidental de la Mauritania Tingitana y moró en las sierras del Atlas mayor, en sus faldas y llanos, estableciéndose en cuatro de las siete provincias del antiguo reino de Marruecos.


Aquí estaba, pues, el dato que buscaba. El nombre de Masmuda procede del de Masma, en la misma forma y con el mismo título que el de otros muchos pueblos antiguos que derivaban su nombre del que tuvo el jefe o el héroe primitivo de su raza, tal como Astures, de Astur Andaluces, de Ándalos; Italianos, de Ítalo; Fenicios, de Fénix; Romanos, de Rómulo y Remo; etcétera. Masma, quinto hijo de Ismael es, pues, el primitivo jefe o rey de los masmudas, pueblo de raza mora que habitó en Mauritania, el actual Marruecos. El dato es importante porque constituye el primer jalón para fundamentar una investigación precisa, llevándola desde las vagas informaciones mitológicas de la Biblia a las informaciones sujetas a comprobación de la historia.


Se presentaba luego un segundo punto por investigar: ¿Qué relación pudo tener con el Perú el pueblo mauritano de los masmudas situado en el noroeste de África y separado de América por la extensión del Atlántico? o formulando la pregunta de otra manera: ¿por qué ruta y en que época pudo el pueblo masmuda llegar al Perú?
Las rutas desde luego son dos, a través de los océanos: la del Atlántico y la del Pacífico. Por razón de proximidad, la primera habrá sido la seguida por los masmudas; en cuanto a la segunda, debió ser la seguida por los himiaritas, de los que hablaré más adelante.


La investigación de estas posibles emigraciones de pueblos africanos a América se relaciona principalmente con la época en que ellas pudieron ser realizadas. Tal hecho se remonta sin duda a una época remotísima de la que ya no guarda recuerdo la historia. Existen sin embargo datos que pueden aprovecharse para la solución buscada.
Si la Atlántida, isla o continente, existió, estaba situada, como todos los datos lo indican, en el Atlántico, entre la costa occidental de África y la. oriental de América. Este pueblo de los masmudas situado en la parte más occidental de África, pudo trasladarse a América por medio de las antiguas islas de la Atlántida.
Pero hay aún otra suposición más lógica y sugerente. Si la Atlántida existió, ¿no serían, entre otros, los masmudas los dispersos restos de esa raza perdida de los atlantes?

Véase, entre otras, las razones en que pueda fundamentarse esta hipótesis:


1 a. Al iniciarse la catástrofe que sumergió a la Atlántida, catástrofe que seguramente no se realizó en un solo día, sino por sucesivos y paulatinos hundimientos, sus habitantes buscaron refugio en las tierras más próximas, que eran las del continente africano. Los mas mudas pudieron ser parte de estos pueblos atlantes fugitivos. 2a. En su nueva patria, los masmudas atlantes, conservando el recuerdo de la antigua, dieron a los lugares que habitaron los nombres que les eran familiares, y así llamaron «Atlas» a la cadena montañosa en torno de la cual poblaron, según lo dice el dato más arriba consignado. 3a. La raíz Atl, abundante en el idioma mejicano, no existe sino en tres palabras en el antiguo continente: Atlántico, Atlante y Atlas, a las cuales puede agregarse la de atleta y su derivado alto. De éstas, la única que existe como nombre geográfico, o sea Atlas, se halla en Mauritania, en el país de los masmudas. En cuanto a las de atleta y aún alto se aplican, aún hoy, perfectamente, a esa raza de fornidos moros, corpulentos, casi gigantescos, que constituyen los actuales marroquíes. Según esta deducción, al producirse el hundimiento de la Atlántida, sus moradores huirían a las tierras más próximas: unos a América y fueron los que la historia llama mexicanos, y otros al África, y fueron los mauritanos, y entre ellos los masmudas. Mexicanos y mas mudas habían sido atlante s y reconocido un mismo origen, el de Ismael, según la Biblia. 4a. y en efecto como corroboración de lo anterior, puede aducir se el siguiente argumento filológico. Los nombres hebreos como Ismael, Daniel, Ezequiel, etcétera, se componen de una raíz y del sufijo «el» qué parece determinar al nombre. Apartado el sufijo en el nombre Ismael, queda Isma, y nótese que este nombre Isma contiene la transposición de los dos nombres citados en esta forma: masi-canos y masi-mudas.


Separadas por el vasto océano estas dos ramas de la descendencia de Ismael, después de la catástrofe de la Atlántida, la rama africana de los atlantes, O sea los masmudas, debieron buscar el modo de comunicarse con sus hermanos del otro lado del Atlántico.


Los atlantes de África (mauritanos) hicieron la ruta a América por el Atlántico. Los atlante s de Asia (himiaritas, del sur de Arabia) la efectuaron por el Pacifico. Unos y otros, en sus expediciones marítimas, no son conocidos por sus nombres de mauritanos y de himiaritas, sino por el nombre genérico de fenicios, que son los moros del mar, como ya dije: Están relacionados, simbólicamente, con el fénix. Cuando en la época de Salomón, el rey fenicio Hiram pone a disposición de aquél su flota para las expediciones a Tarsis ya Ophir, se sobrentiende que son dos flotas: una que parte de los puertos hebreos sobre el Mediterráneo y que va de oriente a occidente hacia el país de Tarsis; en este caso los fenicios que la tripulan son mauritanos; otra que parte de Hezión Gueber, puerto en el mar Rojo, y va a Ophir (Perú) por el Pacífico, o sea de occidente a oriente; en esta, los fenicios que la tripulan son himiaritas,


Los cuentos y leyendas de Las mil y una Noches fueron escritos o recopilados por escritores himiaritas y contienen muchas leyendas referentes a América, como en los viajes de Simbad el Marino y otros.


Los fenicios que llegaban a América por oriente (los mauritanos) viajando hacia Tarsis (país de la plata), entraban a ella por el Amazonas o por el río de la Platal y remontándolos con balsas llegaban hasta el Perú y Bolivia, a las regiones ricas en oro y en plata; los que llegaban por occidente (los himiaritas), arribaban a las costas del Ecuador (país de Saba) y a las costas del Perú (país de Ophir), igualmente en busca de esas riquezas.
En América, las tripulaciones fenicias de ambas flotas, prosiguiendo siempre el curso inicial de su viaje, se alternaban: los fenicios mauritanos volvían a Asia por oriente y los fenicios himiaritas volvían por occidente. De este modo, el secreto de estas expediciones marítimas a las lejanas colonias de donde obtenía sus riquezas la metrópoli (los hebreos de Salomón y antes de éste los egipcios y caldeas), se conservaba, y para las naciones rivales quedaba siempre oculto e ignorado el lugar del mundo en que se hallaban aquellos países ricos en metales.2


Otra razón, tal vez la primordial, del curso de estas flotas, era la de ajustar su movimiento al curso de los grandes astros, el sol y la luna. Había así, por motivos religioso-astronómicos, una flota del sol y otra de la luna, conforme a las apariciones del Fénix.


De este modo, pueblos mauritanos (masmudas) han podido llegar al Perú. Llegaron por Oriente, siguiendo el curso de los grandes ríos, ya sea el Amazonas, ya el de la Plata. En este último caso, hicieron etapa en el altiplano de Bolivia y forman parte de aquellos pueblos que según la prehistoria del Perú tienen como lugar de origen el Titicaca, de donde se esparcieron luego por el Perú. A estos se refiere probablemente Montesinos cuando habla de pueblos llegados por la costa del Perú y que penetraron luego buscando tierras en qué fijarse hasta Huanta y la Quinua, del actual departamento de Ayacucho. De aquí se esparcieron a uno y otro lado, hacia Apurimac (Andahuaylas) y hacia Junín Jauja). Eran, según Montesinos, una raza de gigantes, lo que se acuerda perfectamente con la elevada estatura y corpulencia de los mauritanos (masmudas), descendientes de atlantes.
Como mi intención al escribir este capítulo era únicamente demostrar la posibilidad de que los masmudas mauritanos pudieran haber llegado al Perú, doy aquí por concluida mi investigación.


Dando por admitidas estas premisas, los masmudas han poblado en las cuencas del Rímac y del Apurimac (Apu Rimac o el "Gran Rimac"), territorio que se extiende desde Lima hasta Andahuaylas y comprende en su parte media a Jauja. Allí han vivido diversos pueblos emanados de un mismo origen masmuda o atlante: los yungas en la costa (Lima), los huancas en Jauja y los Chancas en Andahuaylas. Estos nombres no son, repito, sino diferencias aparentes establecidas por autores modernos. Huancas y chancas eran, en sustancia, un mismo pueblo o, por lo menos, lo fueron en su origen: el pueblo masmuda. Este pueblo o imperio masmuda tuvo así dos capitales o ciudades principales: Andahuaylas y Jauja. Allí, en Andahuaylas (donde tuve el sueño con que comienza este estudio), vivió probablemente Masma, jefe de los mas mudas y rey huanca, cuyo último descendiente histórico fuera la famosa Catalina Huanca, Catalina Apu Alaya hija de Oto Apu Alaya y que tomó el nombre de Catalina en el bautismo siendo su padrino Francisco Pizarro. Allí en esos sitios que yo he visitado, deben reposar los restos de ese rey masmuda y alentar aún su espíritu en torno de ellos. Y por eso, a través de los siglos, a través de millares de años, una noche, en la misteriosa intuición de un sueño, ese espíritu me reveló su antiguo secreto. ¡Tal vez llamara del mismo modo a otros muchos antes que a mí y su mudo llamamiento no comprendido quedara hasta hoy sin cumplirse! y es muy extraño, por cierto, que yo haya escrito una vez un artículo literario, publicado en Buenos Aires en la revista «Caras y caretas» en 1913, pero esbozado algunos años antes en Lima, cuando aún no había ni siquiera comenzado este estudio; y digo que es esto muy extraño porque ese artículo, que se titula El deber incumplido, es la narración de un sueño, según el cual yo debo cumplir una misión misteriosa y que no comprendo, en una mansión abandonada y antigua «que sólo yo conozco», donde, después de levantar una espesa cortina que oculta la entrada (como la pared superpuesta del sueño de Masma) he de atravesar, una tras otra, a través de un dédalo de habitaciones silenciosas y sombrías «tres puertas» (las tres puertas o etapas iniciáticas), marchando siempre adelante, a pesar de las manos invisibles que intentan oponerse a mi paso la hostilidad ambiente de la multitud, de los no iniciados), para llegar, al fin, allá, tras de la última puerta entornada, a una estancia en la cual «yo sé» que existe un ser que me espera, desde tiempos inmemoriales y que me llama desde entonces, agitando sus manos en la sombra como mudo (Masma, Masmuda o Masa-Muda) llamamiento desesperado. La idea de ese artículo que, como digo, la esbocé en Lima y escribí en Buenos Aires, fue anterior aún, según me parece recordar, a mis viajes por Apurimac y por lo tanto al sueño de Masma y tiene, por lo mismo, el valor de una extraña intuición, de un misterioso presentimiento, surgido en mi espíritu desde Lima; lo cual está de acuerdo, por lo demás, con la noción desarrollada en este capítulo, o sea, que el país de los huancas comprendía tres regiones principales: Rimac, Jauja y Apurimac (Andahuaylas). En las tres pues, como en las tres etapas iniciáticas del «conocimiento» y como en «las tres puertas entornadas» (las puertas entornadas que se abren sobre la región del misterio) del cuento El deber incumplido debían realizarse las diversas fases del desarrollo, en mi espíritu, de esta evocación de Masma.


Piensa todo escritor, cuando escribe sobre un tema subjetivo, que su trabajo es producto de su propia inspiración. Pero, ¿sabemos acaso si lo que se llama inspiración es una manifestación de la propia personalidad, o si es más bien, como lo pretende Maeterlinck, una intuición venida de afuera, es decir, una sugestión espiritualista? Este sería el caso, según dicho autor, de la extraordinaria semejanza, que ha hecho pensar hasta en un plagio, que existe entre las obras de Ridder Haggard, Ella y Pierre Benoit, La Atlántida: las obras de estos escritores se parecerían, no porque uno haya plagiado al otro, sino porque ambos han reflejado una misma idea ambiente de orden espiritualista. Este sería, también, el caso de Masma

Texto de Pedro Astete, notas del autor.
1. El río de la Plata no es en realidad un río; es el gran estuario formado por el Uruguay y el Paraná que descargan en él. Igual que la Argentina, no tiene relación directa> con el metal que le da nombre. Es solamente el camino de la plata. La ruta antiquísima lleva hacia el norte por el río Paraná y Paraguaya la región del mundo donde, desde tiempos inmemoriales, se ha encontrado ese metal en grandes cantidades: Bolivia.
Del río Paraná que llamamos Paraguay cuando sirve de límite a esa república, la ruta se apartaba, desviándose hacia el oeste y siguiendo el más septentrional y el más caudaloso de sus afluentes, el río Pilcomayo. No solamente nace este río en la región argentífera por excelencia sino sobre él se levanta la ciudad boliviana de La Plata y su primer afluente recoge las aguas de Potosí.
Siguiendo estos ríos, la vida de los expedicionarios y sus animales estaba asegurada. Tampoco podían equivocar su camino. Es muy posible que se descubran en sus riberas antiguas construcciones. Las expediciones debieron ser periódicas.
La expedición de la reina Hatshepsout podía hacerse pública; nadie sabía de dónde venían los árboles de mirra y otros productos raros. Del oro no se hablaba pero servía para mantener buenas relaciones amistosas con los reyezuelos vecinos y para pagar el espionaje necesario y no ser sorprendidos por levantamientos inesperados. La lectura de los antiguos documentos nos da muchos datos sobre el río de oro que, desde las más remotas épocas ha pagado la paz y la guerra de los pueblos. Gran parte venía de América.
2. La geografía de Sudamérica acredita la teoría de Astete basada en antiguas tradiciones. Nombres y señales jalonan las rutas egipcias o fenicias. Algunas pueden tener tres mil años de antigüedad: otras diez mil.
[1] Daniel Ruzo recorrió por primera vez la meseta de Marcahuasi, a finales de Agosto de 1952, inspirado por la fotografía que, en el año 1935, tomara Kuroki Riva de la majestuosa figura denominada por los pobladores de la región: "La Cabeza del Inca...Peca Gasha". Había cumplido 52 años el3 de junio. Cuando se enfrentó con esa escultura la bautizó con el nombre de "Monumento a la Humanidad" al reconocer en ella perfiles de diversas razas humanas.
El año 2002 se cumplieron cincuenta años de esa aventura que lo llevó a estudiar concienzudamente la meseta y que resultó ser la clave para ilustrar la teoría de la protohistoria como Daniel la concebía. Desarrolló ampliamente su tesis en conferencias en el Centro de Instrucción Militar del Perú, en la Academia Nacional de Ciencias de México, en la Universidad de La Sorbona en París, y en la Sociedad de Estudios "Atlantis" de Londres.
Poeta desde su juventud, premiado en Lima en 1917 como ganador de "Los Juegos Florales", su espíritu reconoció siempre la sabiduría que encierran los conocimientos calificados por Jacques Bergier como "realismo fantástico". Tropezó constantemente -como se puede deducir de sus publicaciones- con la que él denominaba "ciencia oficial". Sus conocimientos, iluminados por sus intuiciones, hacían surgir terrenos que investigaba entregándose a la verdad que le ofrecían.
Así ha Cantado la Naturaleza, se llamó su primer libro de poemas. De su relación armoniosa con el universo nació su interés por recorrer el Perú y relacionarse con los caminos y los cerros. Su deseo de profundizar el sentido de los símbolos que reconocía en las montañas peruanas, lo acercó en 1924 a Don Pedro Astete y Concha, investigador de tradiciones y leyendas.
Astete regresaba en esa fecha de Argentina, donde había recopilado datos, desde 1915, en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, y llegaba a Lima con innumerables notas sobre símbolos, signos, leyendas, letras y números estudiados en diversas culturas. Ruzo se unió a esos estudios y ambos trabajaron juntos hasta 1940, fecha del fallecimiento de don Pedro. Daniel se ocupó de que las notas minuciosas que Astete había hecho a mano y con lápiz en eternos cuadernillos, fueran mecanografiadas. También se ocupó de editar Los Signos, obra que Astete dejó preparada para su publicación.
Testigo de sus reuniones y coloquios fue el Cerro de San Cristóbal, primera montaña en la que comenzaron a estudiar esculturas, caminos trazados, símbolos y leyendas. Por eso ilustramos esta reedición con la foto del balcón de la casa de la familia de Don Pedro, donde se reunían casi diariamente.
Daniel comenzó entonces a elaborar su tesis sobre la existencia de una humanidad como la nuestra que dejó sus mensajes esculpidos en la roca natural. Astete colaboraba en esa investigación, aunque no compartía la teoría completa. Reconocía, si, un mensaje en la palabra "Masma", (ver el capítulo "El Sueño de Masma") palabra que inundó el trabajo de ambos de tal modo que la primera denominación con la que Daniel inició sus exposiciones fue: "La Cultura Masma".
Esta reedición de su primera publicación de 1974, conserva el texto original y en ella se expresa su mensaje como Daniel lo manifestó. Incluye las palabras que dirigió a la juventud del Perú en 1980. Se ilustra con fotografías tomadas por el propio Daniel entre 1952 y 1960; pretende ser un homenaje a la devoción con que emprendía todos los caminos de su vida.
Sin detallar toda la colaboraci6n que Daniel recibió, quiero agradecer muy especialmente la ayuda que aportaron, desde el primer momento y hasta la fecha, dos
pobladores nativos de San Pedro de Casta, que hoy lo recuerdan y viven como propia esta singular investigación de la protohistoria. Son ellos: don Manuel Olivares y don Miguel Bautista.
CAROLA CISNEROS DE CRUZ. Lima, mayo del 2003



Marcahuasi - Perú (Dedicatoria al Dr. Daniel Ruzo)