miércoles, 3 de agosto de 2011

“Hubo un tiempo en que la Luna no era una, sino que eran dos”


 
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Hubo un tiempo, antes de que surgiera la vida en la Tierra, en que nuestra Luna tuvo una compañera más pequeña, según una teoría publicada este miércoles en la revista británica Nature.
Esa segunda luna desapareció, según los padres de esta tesis, tras chocar contra su “hermana mayor” hace unos 4.400 millones de años.
Aquella colisión explicaría el enigmático relieve de cráteres y montañas de la cara oculta de nuestra Luna.
El choque se habría producido a una velocidad muy lenta y el material de la segunda luna habría acabado fusionándose con ese hemisferio lunar, que no es visible desde la Tierra.
En los próximos meses, los investigadores esperan conocer los resultados de dos misiones de la Nasa a la Luna para poner a prueba su tesis.
Durante décadas, los científicos han intentado comprender por qué el lado de la Luna que es visible desde la Tierra tiene una superficie relativamente plana en comparación con la gran cantidad de cráteres y montañas de más de 3.000 metros de altura del lado oculto.
Varias teorías habían intentado explicar lo que es conocido como “la dicotomía lunar”. Por ejemplo, una de ellas sugiere que la causa es la fuerza que ejercía la Tierra sobre el océano de rocas líquidas que en el pasado flotaba bajo la corteza lunar.
Pero según esta nueva tesis, el origen se halla en una serie de colisiones cósmicas.
Tiene como punto de partida la ya formulada hipótesis del “impacto global”, que consiste en que hace 4.000 millones de años un planeta del tamaño de Marte impactó contra la Tierra y que el material desprendido por el choque se fusionó dando forma a nuestra Luna.
Los padres de la nueva tesis creen que se originó otro cuerpo lunar más pequeño que quedó atrapado por la gravedad de la Tierra.
Uno de los astrónomos responsables de la teoría, Martin Jutzi, de la universidad suiza de Berna, explica que ésta casa muy bien con la idea del “impacto global”.
Tras pasar millones de años “atrapada”, la luna menor habría entrado en rumbo de colisión con su hermana mayor y habría acabado impactando contra ésta a una velocidad de 2,4 kilómetros por segundo, menor que la velocidad a la cual el sonido atraviesa una roca.
Jutzi resalta que esa lentitud, considerable si se tiene en cuenta la velocidad a la que suceden los impactos en el espacio, explica que no se produjera un derretimiento.
En el momento de la colisión, la luna mayor habría tenido en su superficie un “océano de magma” solo protegido por una fina capa sólida.
Como consecuencia del impacto, la corteza de la Luna se habría endurecido y el magma subyacente se habría redistribuido hacia la cara visible, una idea respaldada por las observaciones de la nave espacial de la Nasa Lunar Prospector.
La comunidad de astrónomos ha reaccionado con interés a la teoría, que dicen que tiene credibilidad, pero no están convencidos del todo.
Maria Zuber, del estadounidense Instituto Tecnológico de Massachusetts, afirma que mientras que el estudio “tiene más plausibilidad que pruebas”, los autores “sugieren la legítima posibilidad de que después del gigantesco impacto contra la Tierra ésta poseyera fugazmente más de una luna”.
La Tierra es el único planeta del sistema solar que tiene una sola luna. Mientras que Venus y Mercurio no tienen lunas, Marte tiene dos, y Saturno y Júpiter tienen más de 60 cada uno. Incluso el diminuto Plutón tiene cuatro lunas.
Pero la cuestión de las dos lunas no tiene repercusiones solo para la astronomía.
La Luna ha sido muy importante para poetas y músicos. Ahora queda por saber, si la segunda luna es también capaz de desatar su inspiración.
Fuente: BBC