viernes, 12 de junio de 2009





EL NUEVO TIEMPO

MISION RAHMA

El mentalismo, como todas las cosas, tiene gradaciones infinitas y es expresado en un determinado contexto en el que suele confundirse comunicación veraz con emociones o deseos internos generados por el deseo de servicio o la búsqueda de algún protagonismo.

Todo es válido. La vida es un proceso cuya meta es expresar concientemente la voluntad divina. La única forma de crecer es haciendo uso de las herramientas o facultades y la mejor manera es siguiendo los lineamientos; es decir, la práctica de ejercicios de purificación espiritual, mental, desiderativa y física.

Desde una adecuada alimentación, preferentemente vegetariana, hasta el dominio de nuestros deseos, pensamientos y crecimiento espiritual mediante el cual el Verbo Omnipresente, ubicuo, llega a expresarse en bien de todos, estableciendo la comunicación veraz o la luz, alimento para iluminar y nutrir de vida verdadera a las almas humanas.

Mantener la humildad es el camino correcto. Es notorio que cuando se alcanza determinado nivel de comprensión, surgen a nuestro lado las proclividades de presunción que pretenden encasillar en determinados parámetros la existencia sin apercibirse la vastedad de ella misma sostenida por el Nombre Sagrado, hecho a imagen y semejanza de Dios Altísimo, nuestra única morada.

Y la naturaleza del amor conlleva a manifestarla y servir a todos, grandes y pequeños, con un sentimiento transversal que llene de luz a todos los corazones y sane al planeta hogar en el que vivimos, sellando su redención, que para ello vinimos y fuimos preparados.

La vibración de nuestros nombres cósmicos es una armonía purificadora que rompe todas las barreras oscuras de la ignorancia iluminando, sanando y restableciendo al planeta Tierra en el contexto cósmico y divino que expresa el Profundo; lo cual es conocido por las jerarquías servidoras de la Luz, administradoras con su propio ejemplo del camino perfecto en el laberinto de posibilidades que el libre albedrío siempre presenta.

Quien ha crecido no va sumiso detrás de algún hermano sino que ha de ir sumiso siguiendo a Dios y a su servicio, en su búsqueda interior que logre expresarle por el bien de la humanidad y del hogar donde ésta vive, para que el propósito divino esté cumplido: ¡Amor y Unidad